Todo sigue igual. La casa, los
niños, el trabajo, el perro, los vecinos. La rutina solo se altera los sábados
por la mañana. Todos sin excepción debemos pasar por el taller. Mi vecina no
volvió de la última revisión, dicen que el reseteado y formateo le ha afectado
a su memoria.
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MUCHAS GRACIAS
SIN VOSOTROS ESTO NO SERÍA LO MISMO. GRACIAS POR ESTAR EN ESTE SITIO.
Tranquility
miércoles, 19 de junio de 2013
miércoles, 5 de junio de 2013
Tú
Redonda la Luna se desvanece y
muere en la mañana,
como sol que agoniza en el crepúsculo,
como alma que exuda su esperanza.
Te descubro agazapado en mi pensamiento,
oculto tras una sonrisa
con una invitación al silencio de un amor prohibido,
Y, con tus artes entretejes mis sueños como una
hilandera hábil teje su maraña.
Desabrochas mis sentidos
como camisa de seda que resbala por mi cuerpo
hasta el suelo.
Pero tú eres inasible, te busco y no te encuentro,
como el pájaro que emprendió su vuelo.
Poner en pausa SCM Music.
Espero que os guste:
Poner en pausa SCM Music.
Espero que os guste:
sábado, 25 de mayo de 2013
No quiero
No quiero ser viento dormido,
viento mudo viento
que calla.
No quiero ser luz trémula
ni gaviota varada.
No quiero ser caricia perdida
en tu cuerpo, ni agua
fresca en el
desierto.
No quiero ser agua que reposa ni flor de un día.
No quiero ser la mejilla
Por la que rueda una
lágrima.
Quiero ser brisa, aliento y palabra.
domingo, 12 de mayo de 2013
Amor persistente.

Atardecía.
Las primeras sombras de la noche dejaban entrever los cuerpos a través
de las ventanas que tenían las luces encendidas del edificio. Se
levantó un suave viento que acariciaba mi cara y mecía las hojas de los
árboles del parque en el que estaba sentado esperándola. Había soñado
tantas veces con encontrarme con ella ahí, cara a cara, a la salida del
colegio. Me arreglé mi chaqueta, la sacudí concienzudamente para
eliminar la más mínima partícula que pudiera entorpecer el encuentro.
Movía mi cabeza en todas las direcciones, y nadie aparecía. Bueno, sí,
pero eran personas anónimas que nada me decían, solo caras levantadas al
frente con un caminar casi mecánico que los llevaban de un lado de la
ciudad hasta otro. Abuelos con sus nietos, que cuidaban mientras sus
padres atesoraban bienes con los que subsistir por medio del trabajo,
pues riquezas pocas... Jubilados que jugaban a la petanca, perros
ansiosos del espacio cercenado por sus dueños en minúsculos pisos,
madres con sus hijos, corrillos de abuelas que contaban chascarrillos de
tiempos pasados y sus risas, que se escuchaban desde donde yo estaba, y
que alguna vez arrancaron la mía
Era
a la vez una mezcla de ruido y silencio, yo permanecía sentado con
todos mis sentidos alerta para ver si pasabas por delante de mis ojos
que te buscaban con toda la ansiedad que podía. Día tras día, estaba ahí
sentado con la única ilusión de verte. “Tal vez se acuerde aún de mí”
pensaba dentro de lo más profundo de mi ser, al fin y al cabo fuimos
compañeros de clase durante muchos años; aún recuerdo el olor que
desprendías al pasar delante de todos los niños, lavanda. ¿Seguirás
oliendo a lavanda?
Se
abrieron las puertas del colegio, salieron los niños en desbandada,
como siempre. La algarabía que formaban me transportó a nuestros años de
inocencia plena. Me puse mis gafas, para poder verte. Mis ojos ya no
son lo que eran, apenas sí distingo una “Be” grande de una “uve” chica.
Ahí
estabas tú, en la puerta de madera que tantas veces habíamos cruzado
juntos, que nos aislaba del mundo para enseñarnos lo que era el mundo...
y cómo sobrevivir en él.
Han
pasado los años, te sigo viendo hermosa, ya no luces la lozanía de
antaño. Pero mis ojos entristecidos y achicados por los años siguen
viendo a esa niña saltarina, rubia, con trenzas atadas con lazos de
múltiples colores, que se sonrojaba con una miraba, y que me regalaba un
dulce e inocente beso en la mejilla cuando le ofrecía una chocolatina.
La vida nos llevo por diferentes caminos, a mí por el lado equivocado y
a ti por las manos de Dios.
Cada
día vendré mientras me queden fuerzas a ver cómo te despides de los
niños del colegio e imaginaré que esas sonrisas son para mí, y esos
besos que lanzas con tus débiles manos también son míos. Me sentaré en
este banco con la esperanza de que alguno de estos días te fijes en este
viejo, aunque mi cara ajada por los años no te devolverá la imagen que
tenía el día en que nos dimos nuestro único beso.
viernes, 3 de mayo de 2013
Experiencia demostrable
"Se necesita camarero con experiencia" rezaba el cartel visiblemente puesto en la puerta del bar donde suelo tomar café a menudo. Sin pensármelo dos veces decidí hablar con el encargado para ver si podía conseguir el empleo. Tengo buena planta, soy simpático y agradable con la gente. "¿Qué experiencia tienes?"-me dice sin apenas levantar los ojos- "Soy licenciado en empresariales, varios masters en Administración de negocios, Relaciones internacionales, hablo cuatro idiomas con fluidez.."¿Sabes poner cafés?"-me dice esta vez mirándome a los ojos- Mi silencio fue la respuesta. "Lo siento pero a pesar de tu currículum, no me vales".
sábado, 20 de abril de 2013
El mejor psicólogo
El
cliente entró por la puerta de la oficina cinco minutos antes de la
hora prevista. Venía acompañado de una mujer que poco después supe que
era su esposa. Nos dirigimos a la propiedad de la que esa misma mañana
les había hablado; el lugar y sus características eran las que ellos
estaban buscando y por fin después de meses y visitas a diferentes casas
la habían encontrado.
Aparcamos el coche en la puerta de un chalet con vistas impresionantes y un jardín que daba la bienvenida. El
dueño de la vivienda nos recibió con un gesto adusto aunque en breves
segundos una sonrisa y su brazo extendido nos invitaba a pasar.
Tras
el recorrido los clientes emocionados, y con un brillo especial en sus
ojos le dijeron al propietario que compraban la vivienda a lo que éste
contestó:
-No, si yo en el fondo no vendo la casa, pero estas visitas para mí son mejor que ir al psicólogo.
sábado, 13 de abril de 2013
Noctívago
Me despierto y te
busco,
no te encuentro a mi
lado y
me arropo en mi
soledad
e imagino un mundo
paralelo
en el que estamos los
dos
transeúntes de
nuestro destino,
peregrinos de un
mismo amor.
La oscuridad nos
envuelve y
nos abriga el calor.
Calor de dos cuerpos,
esos que
somos tú y yo.
Y abro los ojos y
extiendo mis manos y
solo hallo esa
ausencia
que me hiere y me
aprieta,
que me lacera el alma
y que mi vida sangra.
domingo, 31 de marzo de 2013
Malas Artes
Entre complacida y asombrada por la reciente elocuencia y videncia con la que su amiga la obsequiaba cada viernes por la tarde mientras tomaban café, Plácida, disfrutaba de cómo su amiga le desvelaba los acontecimientos de su futuro más inminente. Le auguraba un viaje, ese que llevaba tiempo soñando, sin los niños claro está. Un coche nuevo, el que tenía estaba más en el taller que al uso. Ella se deleitaba ante las dotes de pitonisa de su amiga sin pensar en que su marido y ella compartían algo más que el partido de padel de los jueves.
sábado, 23 de marzo de 2013
Compañeros de viaje
Las últimas vacaciones habían transcurrido sin
contratiempos. Nos embarcamos en un viaje lleno de aventura, no exento de
peligros y en donde la confianza en el otro primaba por encima de todas las
cosas. Aún no sé en qué momento me dejaste sola.
sábado, 16 de marzo de 2013
Realidad Poliédrica
La altivez con la que me
miraba Marta cuando éramos niños siempre hirió mi amor propio. Cada vez que
acompañaba a mi madre a casa de los Sres. Pérez cuando les llevaba la cesta con
la ropa planchada y algunas cosas que ella les cosía; percibía un escalofrío
que me recorría todo el cuerpo con la mirada de esa niña insidiosa que me hacía
sentir inferior. Ella se pavoneaba con sus vestidos de niña rica llenos de
lazos y volantes; mientras esperábamos que el ama de llaves nos diese el
siguiente encargo semanal.
Yo,
que no me he arrugado nunca ante nada y menos delante de una mujer; me crecía
dentro de mis ropas desgastadas y modestas, mirándola por el rabillo del ojo y
le hacía burlas mientras ella se encaprichaba por algo que su niñera al
instante debía de darle; una mujer joven de aspecto mustio que apenas hablaba
con nadie -no sé si por timidez o debido a su juventud, apenas tendría cinco o
seis años más que Marta-.
Han
pasado los años, y aún sigo sintiendo cuando me cruzo con Marta esa sensación
de inferioridad al dedicarme ella una de sus miradas de arriba abajo. A veces
me da la sensación de que ella quiere hablarme, sin embargo, yo levanto mi
cabeza con altivez y lo único que hago es un leve gesto con las cejas a modo de
saludo; pues gracias a los esfuerzos de mi madre conseguí con los años no ser
solo “Tomasito” el hijo de la
planchadora, sino don Tomás el maestro del pueblo.
Cada
día cuando acaban las clases, ella viene a recoger a su hijo al colegio
conduciendo su coche sin su chofer; me parece extraño pues bien podría
venir Amparo, “la mudita”
-conocida así en el pueblo porque con solo mirar a los ojos a su pequeña Marta
sabía perfectamente lo que quería, y nunca hablaba de lo que pasaba en casa de
sus patronos- que al pasar de los años, se convirtió en una buena moza
pero que no consiguió novio y aún sigue en la casona familiar.
Yo la
observo desde lejos tras los cristales de mi aula. No quiero reconocerlo, pero
creo que he estado enamorado de ella desde que era un crío; por eso prefería
acompañar a mi madre cuando iba a su casa en vez de quedarme con los demás
chiquillos jugando en la calle, a sabiendas del mal rato que pasaría. Me
doy cuenta que he vivido toda mi vida en una mentira, obcecado en esa imagen de
mi infancia que me ha llevado a querer obviar a todas las mujeres que se me han
acercado y que no han sido pocas. En todas encontraba algún inconveniente,
vivían lejos, no querían vivir en un pueblecito o simplemente eran
insulsas. Mi madre siempre me decía: “Tomas, hijo mío, ¿Cuándo te vas a buscar
una novia con la que formar una familia?” y mi única respuesta era “un día de
estos madre”, y agarraba mi viejo portafolios de piel y salía de la casa con
una sonrisa en la boca y un beso al aire para mi madre. También he
aguantado murmuraciones acerca de mi hombría por seguir soltero a mis años.
Tengo el arquetipo de Marta en mi mente y sin darme cuenta he ido fijándome en
ella y construyéndome mi propia realidad poliédrica, y en cada cara una visión
diferente de la vida.
Después de tanto tiempo aún no ha perdido ese porte que tenía de niña, su
petulancia se ha visto mermada por las circunstancias que la rodean. El
exquisito marido que le buscó su padre, se ha encargado de dilapidar la fortuna
de la familia en negocios turbios y en casas de mala reputación. No es que me
alegre de eso, al contrario; parecía un corderito manso el día de la boda y
mientras todos les mirábamos, él preso del nerviosismo propio del
acontecimiento y de verse en un pueblo que no era el suyo, no hacía nada más
que tirarse de su pulcro chaqué. Ella, ufana e inocente de lo que se le venía
encima, sonreía a todos los que mirábamos pasar el cortejo por la arteria
principal del pueblo en dirección a la iglesia. Entre ellos yo, que veía
como ella se alejaba cada vez más de mí de lo que toda la vida lo había
estado, si es que en algún momento estuvo a mi lado.
Muchas
veces Marta venía al colegio con gafas de sol, a pesar de ser un día lluvioso,
unas enormes gafas que ocultaban su rostro que se iba ajando con los años y se
veía deslucida a pesar de ser una mujer todavía joven. Cuando llegaba la
primavera y las demás madres acortaban las mangas de sus ropas y la tela de sus
faldas, ella seguía tapada hasta los puños y los pies. El rictus de su cara
siempre era el mismo, solo le salía una sonrisa franca cuando abrazaba a su
hijo en las puertas de la escuela. Ahí sí que se le veía feliz. Era como si el
mundo entero se iluminara y no existiera nadie nada más que ella y su pequeño
Nicolás.
Hoy no
ha venido el niño al colegio, algo extraño ha debido de ocurrir, pues es un
niño con una salud de hierro. Hoy me quedaré sin verla aunque sea de lejos.
Cogeré mis cosas y me marcharé a casa pues mi madre, anciana ya, debe de estar
poniendo la mesa y hasta que yo no llego ella tampoco almuerza.
-¿Sabes lo
que ha pasado hijo? Una desgracia, hijo, una desgracia. Anoche, al marido de la
señora Marta Pérez, de mi “Martita” que la he visto crecer desde pequeña…
-¿Anoche qué
mamá, anoche qué?- la curiosidad me comía por dentro, sentí que algo malo había
ocurrido.
-Pues eso,
que anoche en uno de esos sitios a los que va se ve que estaba más bebido de lo
normal y en una pelea y tras apostarse todo al póker, cayó al suelo y se
golpeó la cabeza
- ¿Y qué
pasó?- le espeté a mi madre casi gritándole.
-Pues que se
dio un mal golpe y que lo han llevado muerto a su
casa.
Salí
corriendo sin comer y tirando el portafolio al suelo. Mi único interés era
llegar a la casa de Marta, sabía que mi presencia de nada serviría pero había
algo que me empujaba a ir.
La viuda estaba
compungida al lado del ataúd de su esposo, vestida de negro riguroso con medias
y pañuelo negro a pesar de alcanzar en el patio de la casa los treinta grados a
la sombra de aquel mes de mayo que se presentaba más caluroso de lo habitual, y
secaba sus lágrimas con tanto entusiasmo que no dejaban de mirarla los allí
presentes uniéndose en su dolor.
Me quedé parado, viendo
toda la escena, no podía acercarme a ella, había demasiada gente a su
alrededor. No era el momento. Tal vez al día siguiente, en el cementerio podría
darle mis condolencias.
Una vez el cuerpo del
difunto fue sepultado y todos se iban marchando del cementerio. Ella permanecía
allí, en frente de la tumba, con su inseparable niñera. No dejaba de llorar,
pero en sus ojos se percibía un brillo diferente. Yo esperaba el momento de
acercarme para darle mis condolencias; cuando antes de poner mi mano sobre su
hombro pude escuchar lo que le decía “la
mudita”
-No llores más mi niña,
que no lo merece, ¿no te acuerdas de cuando te daba los correazos?
Se me cayó el mundo
entero a los pies y sin decir nada salí de aquél cementerio.
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